Levantar el Velo

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Clausura de exposición, Inka Martí

19:00 hrs

Celda Contemporánea

Levantar el velo

“Las Pirámides fueron materiales
Tipos solos, señales exteriores,
De los que dimensiones interiores,
Espacios son del alma intencionales”.
Sor Juana Inés De la Cruz. Primero sueño.

En un paseo nocturno, mientras evocaba la ofrenda de dos espejos que hacían los egipcios a la diosa lunar Hathor, me encontré ante una gran charca de agua oscura en la que se reflejaba la luna llena. De alguna manera, Sor Juana es como el agua espejo en el que cada uno de nosotros reflejamos nuestra propia alma. Hay infinidad de textos especulares escritos en torno al misterio de Sor Juana. El abanico sorjuanista es un pozo inagotable. Están los que se reflejan en una lectura feminista, o intelectual, o científica, o musical, o como Paz, que ve en Sor Juana el reflejo del desasosiego del hombre moderno: “estamos solos y el mundo sobrenatural ha desparecido”. Por el contrario, están los sorjuanistas que se reflejan en la Sor Juana hermética, astrológica, mitológica, o en su vertiente visionaria centrada en el arquetipo femenino.

Para esta exposición, me encontré hace año y medio ante este gran jeroglífico, y opté por transformarme también en un espejo de agua para dejar fluir los reflejos interiores y correspondencias que mi alma encontraba en sus versos. De inmediato, resonó en mí una afinidad común en torno a la búsqueda del conocimiento del mundo sensible y el mundo inteligible de las civilizaciones antiguas en su afán de desvelar lo que los egipcios denominaron Realidad Última o Causa Primera. Y también un interés en los personajes mitológicos en los que Sor Juana se reflejaba: Isis, Io, Opis, la pitonisa de Delfos, Eco, Narciso, Acteón y Faetón, que fascinaron a Ficino y a Bruno y a tantos otros. Pero este conocimiento es lunar, intuitivo en oposición al conocimiento solar del logos masculino.

Este principio Lunar, se desarrolla en la Imaginación, la Intuición y la Sensibilidad, como formas de conocimiento distintas y complementarias al logos masculino que ha imperado en nuestra cultura.

En el Poimandres del Corpus Hermeticum, clara influencia en Sor Juana, el ser humano levanta el velo, rasga la bóveda divina y se asoma a los círculos planetarios para descubrir el armazón cósmico. Después, su imagen encarnada se refleja en el agua y se enamora de su reflejo. A su vez, la Naturaleza, rendida de amor, descubre en el agua el reflejo del lado más luminoso y bello del ser humano, aunque desvela al mismo tiempo el aspecto inquietante de la humanidad: su Sombra, que se refleja en la tierra. Naturaleza y humanidad se abrazan y se transforman en amantes. En el Poimandres no existe la caída, como en el Génesis, sino un acto voluntario.

En su poema Primero sueño es donde Sor Juana realiza un viaje cósmico, parecido al de la tradición científica que también relatan Kircher y Kepler, que retoman un modelo proveniente de las civilizaciones antiguas relacionadas con el viaje del alma, que consiste en un trance o sueño, parecido al de los chamanes, conocido como trance hipnótico. Estos viajes también se encuentran en el taoísmo, el budismo y en el Egipto faraónico. Curiosamente, otro gran científico, Albert Einstein, desveló un viaje similar, cuando descubrió la teoría de la relatividad, al imaginarse, subido a un haz de luz, recorriendo el universo.

El viaje interior es el viaje de la Imaginación verdadera (Imaginatio vera), en el que volamos los poetas, artistas y onironautas que trabajamos con nuestro mundo interior. Para acabar termino con otro jeroglífico de Novalis, que en Los discípulos de Sais se refleja en el agua espejo de Egipto:

“Los seres humanos recorren diferentes caminos. Aquel que emprenda la ruta y los compare, descubrirá formas que pertenecen a una gran escritura cifrada que se encuentra en todas partes: en las alas de las aves, en la cáscara del huevo, en las nubes, en la nieve, en los cristales…”.

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06 Ene

Vagamundo Transerrante

Clausura de exposición, Rodrigo Viñas

18:00 hrs

Foro R-38